LAS SIETE VIDAS DEL GATO -LUIS ÁNGEL JIMÉNEZ ACOSTA- 6B
LAS SIETE VIDAS DEL GATO POR LUIS ANGEL JIMÉNEZ ACOSTA 6B
La historia que les voy a contar sucedió en un conjunto residencial del barrio Villa Paz; un lugar tranquilo donde sus habitantes eran personas respetuosas y amantes del cuidado del medio ambiente. Entre ellas se encontraba José, un joven alto, deportista, de brazos largos, amable, responsable y que se sentía muy atraído por su vecina y amiga Claudia, ella era una joven rubia hermosa, bajita, cariñosa y quien tenía como mascota un gato muy particular, de color gris.
Una mañana, por cierto, muy tranquila, Claudia tocó a la puerta de su amigo José y le pidió el favor de que le cuidara a su aparente e inofensivo gatito; mientras ella haría una diligencia en la capital.
La mañana transcurrió tranquila, José estuvo en su apartamento, sin ninguna novedad. A la hora del almuerzo, José le sirvió al gato, una porción de carne y algo de sopa. Llegada la noche después de cenar, José le sirvió al gato un poco de leche, para antes de dormir. El gato se la tomó toda, al pasar los minutos; el gato se fue transformando, su color cambió, ahora era un gato colorido, sus ojos eran como candela, sus colmillos afilados, y comenzó a tumbar y morder todo lo que encontraba a su alrededor. José no pudo atraparlo y el gato se escapó a las casas vecinas y la tranquilidad de aquel lugar pasó a ser un caos total. Todos estaban asustados, y José ya no sabía qué más hacer, la única opción era matar el gato, pero en realidad no lo quería hacer ya que ese gato era la mascota preferida de su amada. Un vecino muy enojado, lanzó al gato desde el quinto piso, José se angustió demasiado, ahora no sabía qué le diría a Claudia; seguro que lo iba a odiar por no cuidar a su gatito, caminaba de un lado para otro sin poder coordinar sus ideas. Llegada la noche se acostó, casi a la media noche pudo conciliar su sueño preocupado por el gato. Mañana será otro día, pensó.
Al día siguiente, lo primero que vio al abrir su ventana fue al gato, no lo podía creer. Sí, allí estaba con sus ojos brillantes y amarillos, tenía una mirada desafiante e inmediatamente se puso a rasgar con sus afilados colmillos todo cuanto veía. Al tratar de atraparlo, nuevamente se escapó y empezó a hacer de las suyas. La gente del conjunto residencial se armó con palos, hondas y les lanzaban todo cuanto podían al gato. Lo apalearon, apedrearon y ya era la sexta vez que aquel gato se encontraba muerto a los pies de José. Ya resignado José, se dispuso a enterrarlo en el patio de su apartamento. Cuando estaba a punto de hacerlo llegó Claudia, José le estaba explicando lo sucedido a Claudia y de pronto el gato se levanta, Claudia le pide a José café y le explica que el gato es alérgico a la leche y que el antídoto es el café. Le dan el café y efectivamente el gato vuelve a la normalidad. Claudia les pide disculpa a sus vecinos y les paga los daños causados. También les explica lo que sucedía con el gato.
Al otro día en la mañana, José llega donde Claudia, se arma de valor y se decide a pedirle que sea su novia; para ello la saluda y le dice: - Claudia, ¿te gustaría cenar conmigo esta noche?
Ella, le responde - ¡claro que sí!, ¡encantada!.
José vuelve a su casa para comenzar los preparativos para la velada romántica que tenía en su mente. Llegada la noche, la casa de José estaba muy bien decorada; en las paredes estaban unos candelabros muy hermosos con unas velas encendidas, la mesa del comedor estaba decorada con corazones que hacían de flores y alrededor del comedor, muchos pétalos rojos. Luego de cenar, José, le pide muy románticamente casi que susurrándole al oído:
- ¿Quieres ser mi novia y compañera para siempre?
Claudia por su parte que ya presentía lo que iba a acontecer le dijo:
- Sería la mujer más feliz del mundo.
El gato parecía que entendía todo lo que estaba pasando e inmediatamente saltó a las piernas de José y maulló como dando su aprobación.
Fue así como seis meses después, se casaron, asistieron todos sus vecinos, y la calma y tranquilidad volvió al barrio Villa Paz y vivieron felices por siempre. Eso sí, jamás le volvieron a dar leche al gato.
FIN.
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