EL MUNDO DE LOS SUEÑOS- SAMUEL ARRIETA-6°A
EL MUNDO DE LOS SUEÑOS POR SAMUEL ARRIETA DE GRADO 6° A
Era sábado por la noche, era invierno, llovía durísimo, los rayos eran fuertes y parecía que caían sobre mi casa y que en cualquier momento la iban a hacer pedazos. Los vientos también eran muy fuertes y en mi ignorancia pensaba que era un huracán y que si no eran los rayos los que iban a acabar con mi casa, sería el huracán el que iba a arrasar con todo. La situación se ponía más tenebrosa a medida que avanzaba la noche porque no paraba de llover, de tronar y la violencia de los vientos aumentaba cada vez más.
Mi familia se hallaba en la sala de la casa, estaban viendo televisión y yo un niño de once años, mostrando mis primeras manifestaciones de la adolescencia, estaba en mi habitación jugando con mi celular.
Cuando estaba en la parte más interesante del juego, sucedió lo peor, nos quedamos sin energía. Mi mamá llegó al cuarto y me dijo:
¡Samuel, apaga el celular y vete a dormir! está lloviendo y relampagueando muy fuerte, es peligroso. Además qué hace un niño de once años despierto a esta hora.
-Sí señora, le respondí-.
Aunque le dije que lo haría, no hice caso, seguí jugando con mi celular y de repente empecé a sentirme mareado y con mucho sueño, luego mis ojos se fueron cerrando, como si perdiera el control de mi cuerpo, lo que nunca imaginé fue lo difícil que sería despertar.
Antes de dormirme, vi una almohada grande de color azul, con una estrella dorada en el centro que se veía muy cómoda. La almohada se dirigió a mí en un tono muy amable y me dijo: -No te preocupes amiguito, todo va a estar bien, mientras yo esté contigo nada malo te pasará. Juntos vamos a salir de esta pesadilla en la que caíste-.
Fue lo último que recuerdo antes de haber caído en las manos del Duende de los Sueños.
Pasaron unos minutos y mi cuerpo se encontraba en un espacio diferente: era mi casa, pero habían consolas de videojuegos por todos lados, dulces por montones y el internet más rápido del mundo. Y por supuesto, mi nuevo amigo, pero pasaba algo raro con él, estaba inmóvil y no podía hablar.
¡Increíble! grité, y el eco se escuchó por toda la habitación.
Luego empecé a jugar en una consola, cogí muchas gomitas y mientras jugaba me las comía.
Estaba en eso cuando de pronto se me apareció un ser extraño que me dijo: ¡Samuel ahora perteneces al Mundo de los Sueños!
Quedé impactado al ver que me hablaba y sabía mi nombre
-¿Cómo sabes mi nombre? , le dije asustado.
-Aquí en el Mundo de los Sueños todo es posible, además yo soy el Duende de los Sueños yo sé todo lo que sueñas y tengo el control total de este mundo y de tí, en fin es hora de que lo entiendas; me respondió.
-¿Por qué? – le dije.
-¡Calla y obedece!- me respondió.
Como todo era posible en ese lugar, empecé a leer la mente del duende y descubrí que tenía envidia de mí porque yo tenía una familia y podía disfrutar de todas las cosas que tenía y él no. Él siempre tenía que trabajar. Me negué a obedecerle y entonces el duende se volvió grandísimo, yo me quedé paralizado.
Me iba a aplastar con su mano gigante, cuando de pronto la almohada que vi antes de dormirme, se movió de donde estaba y se lanzó sobre mí para evitar que el duende me lastimara. Fue su primer ataque.
La almohada me dijo que me ayudaría para que el duende no me hiciera daño y pudiera salir de esa horrible pesadilla en la que estaba. Yo estaba muy asustado y no podía creer lo que mis ojos veían una almohada que hablaba y que además era mi amiga.
Le tendimos algunas trampas al duende: primero hicimos una mezcla de vinagre, harina y huevos y se la arrojamos en la cara. Esto lo enojó mucho pero no fue suficiente para que me dejara salir de su mundo. Al contrario, se vino con más fuerza sobre mí y mi amiga, que ahora también era su enemiga, pero logramos esquivar su segundo ataque.
Entonces contra atacamos: cogimos bastante plastilina y la pegamos en el piso y el duende se pegó y justo cuando lo íbamos a capturar se escapó. Vino su tercer ataque: hizo un ruido ensordecedor y mi amiga se distrajo. El duende aprovechó y me atrapó y justo cuando me iba a comer, una gomita que tenía en mis manos se me cayó y entró en la boca del duende. Este empezó a encogerse porque odiaba las gomitas, aunque no se encogió lo suficiente como para vencerlo.
Pero la almohada que era bastante lista tomó unas bolsas de gomitas y me lanzó varias, entre los dos le tiramos gomitas hasta hacerlo muy pequeño.
Al darse cuenta que lo vencimos, no tuvo otro remedio que llegar a un acuerdo con nosotros, él me daba las llaves para salir del Mundo de los Sueños, dejaba libre a mi amiga para que se fuera conmigo y nosotros nos llevábamos todas las gomitas, las consolas de videojuegos y el internet rapidísimo. El trato era justo y no dudamos en aceptar. Al salir no tuvimos ningún contratiempo, solo que el viaje fue lento porque estábamos muy cargados.
De Pronto, escuché una voz que me llamaba, era mi mamá.
-¿Samuel apagaste el celular?
-Sí mamita –le respondí medio dormido.
-Pobre niño –dijo mi mamá- qué estará soñando, ya nos contará uno más de sus fantásticos sueños-.
FIN.
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